Decir que la experiencia es previa a la idea es una defensa contra el idealismo. ¿Por qué es tan difícil pensar dialécticamente? Porque es más claro pensar en “momentos”, ¡gracias Hegel…!
sábado, febrero 28
Releyendo el asunto de “La frontera” me doy cuenta cómo actúa la experiencia concreta en el pensamiento simbólico, que a su vez tiene su influencia en el sentimiento, y esas otras pavadas como el sentido de la vida, la identidad, etc. Cada vez me convenzo más de que una experiencia (quizás simple, quizás compleja, pero concreta) puede hacernos comprender ciertas cosas, y dar un nuevo rumbo al pensamiento. Y del pensamiento a la vida, en un segundo momento…
Ser marginado es una herida que nunca sana. Herida porque además de ser una marca, duele. Duele el deseo de ser parte y no estar a la altura. Siempre pedir permiso para entrar y permanecer. Será que allí surge lo que llamamos “defensa”: “prefiero estar solo y que no me molesten”.
Interesante resulta que la única forma de pasar por la frontera es caminando (no sé cómo será en avión che) pero arriba del bus no te cruzan. Y hay que pedir autorización para salir y luego para entrar. Es un trámite personal e intransferible que implica ciertas cuestiones: dirigirse físicamente a la oficina de la policía y luego a la de migraciones con el documento, atravesando concretamente el puente, que suele estar atestado de gente que lleva y trae mercancía, permaneciendo inevitablemente cierto tiempo REAL entre un mundo y otro, o sea en ningún mundo, señores. Por si esto fuera poco, en el mundo visitado te ponen un sello que te permite estar un tiempo limitado en él. Volver es obligatorio.
Está claro que pasar de un paradigma a otro no es un asunto sencillo. Y que hay que hacerlo caminando (despacito porque hay mucha gente para un solo puente), con la identidad bien clara para poder pedir permiso, tanto para salir como para entrar.
Ah, y el que viaja en avión sufre del jet lag, por lo que saltearse el puente, los comerciantes y el paseíto tiene su costo. Amén.
No sé si soy argentina, no sé si soy neuquina, pienso/siento que soy producto de mis propias y únicas adquisiciones/renuncias simbólicas. El clima seco y el viento son algunas adquisiciones. Quizás en la selva húmeda no me encuentre. Es un mundo simbólico que puedo visitar por un rato y luego debo volver.
Siempre pensé que sería fantástico emanciparme de toda referencia (Ver “El sujeto que viaja es blanco”). Ahora veo que es imposible. Que me puedo ir por un ratito pero debo regresar.
Tanta explicación nos ha vuelto engreídos;
tenemos lo que queremos a un alto costo.
Me podría perder entre los cerros y andar
y andar.
Y nadie escucharía nada
porque el viento se lleva todo,
los pensamientos, las penitas y las glorias.
Con un sombrerito de colores burlaría mi efímera existencia,
con una chombita naranja, verde, cordones de oveja,
me bailaría un carnaval, pasito de saya, pisando tierrita
saltando bajito.
Soñando todo el año
con diablos, santos y virgencitas,
éste es el mágico mundo.
El de la fiesta y el olvido,
o “estado obnubilado de la conciencia”,
donde conviven el bien y el mal
sólo por carnavalear.
