viernes, octubre 10

Yo no soy partícula, soy onda.

Yo no soy partícula, soy onda.
Si en el ejercicio de tu libre albedrío, me buscás en una esquina, altura, latitud, posición filosófica, has de hallarme. Claro que sí, es el oficio del instrumento. Y hasta puede que haya estado allí en un microsegundo de mi existencia, y que mi huella se haya materializado incluso. Pero cuando allí me encuentres, sólo verás la sombra y el resto de lo que fui.
Yo no soy partícula, soy onda.
Y en el ejercicio de mi libre albedrío, me asomo con curiosidad a las infinitas proyecciones de cada instante que respiro, buscando exclusivamente y con ahínco, mi comodidad y tu servicio. Me encuentro con vos, me atropello con vos, te encierro en mis márgenes, te busco; y te encuentro, en el momento en que ya sé qué es lo que puedo darte.
Ese momento fundó. Y es historia de lo que fuimos. Del desborde y la desintegración. Ese momento se desgranó junto con tus dedos y los míos, y el resto de ellos en el suelo, eso, eso es partícula. Yo estoy a kilómetros de distancia, abrigando peces en el mar.

viernes, octubre 3

Amar. Esa experiencia.


Amar, y esperar.
Amar, y escuchar.
Amar, y perdonar.
Amar, y jugar.
Amar, y entender.

Amar, y preguntar.
Amar, y explicar.
Amar, y observar.
Amar y agradecer.
Amar y contener.


Amar, y dejar ir.

lunes, julio 28

Testigo

Y quién dice que tengo que ser normal. Y quién dice qué es ser normal. Y quién dice que tengo que vivir. Si me hubieran preguntado, capaz hubiera dicho que no, que así no quiero. Y quién se hace cargo. Ya no me importa. Fluir es imposible a veces. A veces respirar sin preguntarse es imposible, quién dijo que queríamos despertar. Sobrevivir cada segundo, prestar atención a cada última cosa que hacemos. Y sonreír como si no me importara que el acto fue único, irrepetible, el último, lo mejor que fui capaz de hacer. No se puede demostrar tanto amor, no es posible. A veces es mejor ignorar que las personas que amo no lo notan, y que si cada segundo se dieran cuenta de que sienten algo por mí, harían otra cosa. Se arrojarían como yo a los brazos de un abrazo que quiero dar. Alguien en este mundo debe querer arrojarse a estos brazos y hacer que el tiempo cuente, el tiempo sobre la tierra. O también abofetearme. Desearía también ser testigo de las furias de la existencia en cada persona que amo. No del aburrimiento, de las  furias. Y aprender a mirar desde mi espacio concedido, sin interrumpir y sin juzgar. Porque estoy ahí, allí, y aquí. Amando por última vez, de la mejor manera que soy capaz.

miércoles, junio 11

La experiencia

Lo vi pasar delante de mí, tenía una seña, una marca. Esbocé para mis adentros: “esto vale, no te duermas”. Esos signos que uno busca toda la vida. Les conoce el aroma, la forma, hasta el sonido de su voz. Y aun así no puede asirlos. Pedí parada y bajé en la estación. Muy bien, por aquí debe andar. ¿Será ese hombre/nombre? No, no es el nombre/hombre. Pero él me llevaba. Lo tomé de la mano. Él era una existencia tan independiente que no escuchaba mis preguntas atolondradas:  “¿Che y dónde es? ¡Decime hasta dónde y te juego una carrera!” Estaba más lista que primer día de escuela en primer grado. Él andaba y andaba, y andaba en círculos. Mi hastío y aturdimiento (los cuales directamente proporcionales), hijos de mi mente capitalista, no me dejaban ver que íbamos en círculos pero a través de diferentes dimensiones.
En medio del mareo, el frío, el dolor de estómago, él seguía caminándome por diestra y siniestra sin solución de continuidad.  Le dije: “esperame…yo hasta acá, lo único que sé es que te creo”. Y le creía tanto y tanto, en tantas direcciones, y por cielo y por tierra.
Aquí lo que entendí:
1.       Las experiencias son indiscutibles. Simplemente ocurren.
2.       Uno es modificado por sus experiencias.
3.       Lo que uno construye es hijo de sus experiencias.
4.       En relación al orden simbólico de la construcción…tiene peso propio. Simplemente es.
5.       Nuestra coexistencia humana es una coexistencia de diversos órdenes simbólicos con peso propio.
6.       La manera más apropiada para abordar la comprensión de cada uno de ellos no es refutando/acordando, sino buscando las experiencias que llevaron a tal construcción; asumiendo sin lugar a dudas que realmente ocurrieron aquellas experiencias.
Yo no habría entendido todo esto si no te creyera tanto. Si no te conociera tanto. Si no te quisiera tanto. Gracias a Dios vos existís. (No podría nunca fundamentar tu existencia en un marco simbólico mío).

La irrefutabilidad de la experiencia es la luz entre tu mano y la mía.

miércoles, abril 9

Señores, no me tiembla la voz

Yo no me olvido,
ni con luces me van a distraer,
yo sé lo que vine a buscar.
Yo vine acá por alguien
y necesito verlo ya.
A mí no me engañan,
yo espero,
no me duelen las piernas
ni me tiembla la voz
cuando hablo de él.
No me sudan las manos
ni se me cae una lágrima
¡Que lo manden a llamar!
que tengo la voluntad,
que no me importan mis trajes
que él sabrá por dónde anduve.
Que no quiero más falsos bufones
ni vendedores de baratijas.
Señores,
no me tiembla la voz.

domingo, abril 6

Oda al agua

Cuando yo era chica, el agua entró por el cuello de mi útero, hasta mi útero, me dio un hijo y mi hijo salió despedido. Me quedé mirando hacia el cielo a ver si volvía, con los ojos bien abiertos por si aparecía la gaviota de los mitos, y cayó el agua, cayó tanta agua que inundó mis ojos y lloré mares, vomité acostada, arrodillada, tirada. El agua misma bañó mis cuerpo y me sostuvo como hoja de papel hasta el puerto de mi Patagonia, me arrastró sin que se lo pida, disimuló mi tristeza y me dejó parada en la arena. Como en un frasco, con agua, y yo. El agua amortiguó mis desequilibrios. El frasco se rompió, me regué por toda la tierra. Un río se fue al este, otro al norte, otro al oeste. Y en el sur quedaron mis pies, con los que yo sabía caminar. Cada vez que llegaba a un pueblo caía el agua y me recordaba, dónde dejaste tus pies. Y yo le respondía, hoy voy a bailar con mi corazón. Corazón y pies. Corazón y pies. Corazón y pies, me decía a su vez. Bajó la marea y mis vestidos con ella, y yo, ¡mis pies! y esta vez volé. Y llovía en puerto, y nadie vino a protegerme. Miré las costas, y las montañas, miré a través del agua suspendida en el aire. Llevame con vos, ya estoy cansada, tengo frío y tos. Y nos fuimos de allí, en una nube, a través de las montañas.
Ahora dicen que la lluvia no la quiere abandonar. Y llueve y llueve, en el desierto, donde ella tiene sus pies.

Vulnerable


Aceptá sentirte vulnerable
degustalo como un gran catador
llorá, si es preciso,
sentí el dolor.
Despojate de armaduras
no más trucos moralistas
no más juicios.
Que te arranque las uñas
que te duela al llorar
que no te deje entrar
ni en tu cuerpo.
Que se lleve tus días
tus horas, tus planes
tu preciada sangre
tus castos tejidos,
y no digas nada.
No le digas nada
nunca nada,
que la victoria es tuya;
porque no es el dolor
ni la pérdida
ni siquiera la falta de control
sobre tus dominios
lo que te quita del juego.
Lo que te quita del juego
es la cómoda idiotez
la plácida parálisis
el sueño.